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La familia durante el duelo

by - diciembre 01, 2020


Por Izchel Palacios

El duelo es un proceso de transición, un proceso que supone una afirmación de terminación de la vida y la afirmación de continuación de la vida. Cuando muere una persona importante y la familia el individuo puede a acusar la pérdida el mundo cambia y el significado se ve alterado. El duelo facilita encontrar una nueva identidad, cambiar las coordenadas, encontrar un nuevo sentido y no solo como un trabajo de emociones y sentimientos sino como parte de una reorganización del sistema familiar, en roles, cambios de límites. Neimeyer en su teoría sobre la reconstrucción del significado menciona que el duelo es individual y compartido, esto significa que al ser individual cada persona construye su propio camino separado a los demás que comparten la perdida y compartido, porque no se puede desligar el proceso de duelo con el entorno más próximo: su familia. Por tanto, aunque el duelo es un conjunto de reacciones emocionales, físicas, cognitivas y espirituales que cada persona experimenta de un modo peculiar, con un ritmo y una intensidad propios se trata también de un proceso familiar con trasfondo social. 


Reacción individual > La reacción se influye por los otros miembros del grupo 


Con esto nos referimos a que la forma de duelo, afrontación y superación depende de varios factores, tal el social, religioso, costumbres e incluso, la causa de la muerte y en algunos casos, duelos anteriores proyectados al presente.

ASUMIR LA REALIDAD DE LA PÉRDIDA


Reconocer que el dolor no es personal sino compartido parece evidente sin embargo, no suele serlo, este paso implica la aceptación de la propia mortalidad, tanto como el hecho de que la persona se ha marchado, esto supone un esfuerzo tanto intelectual como emocional. Es normal que se presenten formas de negación a la realidad tanto si la muerte es sorpresiva como si fue pronosticada por una condición médica por tanto la comunicación se considera una parte fundamental para reafirmar la realidad. 

Es relativamente, frecuente que exista la ausencia de comunicación o una distorsión de la información que se da entre los miembros de la  familia sobre las causas de la muerte o quién fue la persona que ha partido. Generalmente esto se trabaja hablando de la pérdida y experiencias en vida de la persona que se ha ido y la relación con la persona de forma que se aborden sentimientos de felicidad como también de culpa y cólera. 



EXPRESAR LAS EMOCIONES Y EL DOLOR COMO ALGO NATURAL


Aquí se puede hablar de dolor emocional, conductual e inclusive físico. Este dolor puede manifestarse mediante síntomas u otras formas de conducta disfuncional (idealizando al fallecido, consumo de sustancias, arranques de ira, depresión). Los miembros de la familia deben aceptar que no hay ninguno entre ellos que este experimentando el dolor más profundo que otro, este paso de aceptación supone también la expresión de sentimientos para compartirlos con los demás seres amados y aceptar que su dolor no es más grande requiere flexibilidad y tolerancia, implica aprender, comprender y aceptar los sentimientos de los demás.  

Familia con límites flexibles. (Duelo familiar adaptativo)

Dentro del grupo familiar se toleran las emociones positivas y negativas con la pérdida; los miembros tienen libertad de compartir su malestar, consuelo y cuidados, los roles son más flexibles y se traspasan según las características de la situación y la persona.  

Familia con límites rígidos. (Duelo familiar desadaptativo)

En este grupo familiar se busca evitar hablar con los demás dentro del grupo para evitar el malestar, existe un aislamiento general o de varios miembros del grupo y hacía miembros externos, esto puede ser más usual cuando la muerte ha sido causa de un homicidio, suicidio, consumo de drogas o por vinculación en actos criminales. 

Modelos de respuesta familiar inflexibles: Estás familias buscan que todo permanezca como antes, los roles son rígidos, nadie puede ocupar o realizar al papel del fallecido. Es frecuente el desarrollo de roles inapropiados como la parentalización del hijo/a mayor bajo palabras como: "ahora debes ser el hombre de la casa".  

Modelos de respuesta familiar distorsionados: Se idealiza a la persona fallecida en la búsqueda de evitar sentimientos ambivalentes o negativos, es regular escuchar palabras como: "no hables así de la memoria de tu padre" o "mientes, ella/él jamás habría hecho algo así". 




Reorganización del sistema familiar

Adaptarse a un nuevo medio significa cosas diferentes para personas diferentes dependiendo de cómo fuera la relación con el fallecido y de los distintos roles que desempeñaba. La realización de esta tarea lleva consigo muchos cambios a los que la persona superviviente debe enfrentarse, cambios en actividades cotidianas, en horarios, tal vez en el nivel económico pero, sobre todo, cambio en los roles que a partir de ahora deberá desempeñar. Es importante recordar que las personas que quedan nadie suplirá el papel de la persona que se ha ido sino que unicamente el rol muta y es trabajo conjunto de todos los miembros continuar en su propio papel y moverse a través de ese rol vació, se puede asumir el papel pero jamás la identidad.

Los roles pueden ser “instrumentales” o “expresivos”. Evidentemente, el papel instrumental es el más complicado de ocupar a un nivel práctico y en muchos casos implica tomar el sitio de la persona que mantenía al hogar familiar mientras que los expresivos son vitales para infundir el equilibrio. Esta reorganización dependerá del ciclo en el que se encuentra la familia así como la pérdida que se ha sufrido pues así como perder a un hijo, un tío, un padre e incluso de la edad de la persona fallecida implicara nuevos retos y una nueva transformación a esa realidad. 




En los casos del duelo anticipado, es decir cuando la muerte es causa de una condición médica, algunas personas pueden movilizar mecanismos de adaptación a la pérdida en la que la persona puede apegarse a su ser querido deseando retenerlo, suelen distanciarse emocionalmente de los otros miembros de su familia durante el proceso de enfermedad como tras el duelo y en algunos casos culpar a los médicos o a si mismos del fallecimiento.

Con la muerte de una persona no se ha perdido definitivamente el objeto amado y mucho menos su recuerdo. Se puede recuperar de otra forma, sin la necesidad de su presencia o posesión física, mediante la incorporación psicológica de los aspectos buenos de la persona perdida, a través del recuerdo y del afecto, de este modo se daría una verdadera reinstalación del objeto bueno perdido dentro del propio mundo interno de afectos y como parte de nuestra vida en forma de enseñanzas, recuerdos y memorias. En cualquiera de los casos, el duelo supone una reorganización en el sistema anterior buscando en el duelo la posibilidad de crecimiento individual y familiar. 


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